ANÁLISIS FALLIDO DE UN REPLICANTE

Replicante, Revista de crítica y periodismo digital, publicó un texto de Rodolfo García Mateos, “¿Contra quién pelea Carmen Aristegui? Un acercamiento personal a la periodista”, en el que ella queda desdibujada porque el autor se deja llevar por sus recuerdos, sin orden e incompletos. Me preocupa porque es periodista. Me preocupa porque la revista publica un texto extenso y confuso. Podría dejar una pregunta que nadie contestará y nos evitaríamos unos minutos de lectura, pero sería injusto con los lectores de esta página de Facebook: ¿por qué García Mateos cuenta ahora las escenas de su vida que cree demeritarán la idea que tenemos de Aristegui?

Pasé horas oyendo el seguimiento que Aristegui dio a quienes denunciaron a Marcial Maciel y que el Vaticano tuvo que seguir, no por Aristegui, claro, sino porque fue un clamor que todavía no termina porque siguen apareciendo denuncias de sacerdotes.
No todos los días hay temas públicos tan importantes. Deberíamos preguntarnos cómo se deciden las notas que aparecen destacadas en los medios. Por ejemplo, estos días TVE dejó fuera otras noticias por seguir el accidente aéreo. Puede ser que hayan tenido razón. Conviene pensar que otros días las noticias que nos ofrecieron como las “más importantes” no lo eran.

Han opinado sobre Carmen Aristegui muy diversas personas, a favor y en contra de su trabajo. Yo diría que ella, como la revista Proceso desde su inicio, como algunos personajes, como Carlos Monsiváis, y quizás como la revista Replicante (guardo ejemplares de cuando se publicaba en papel y se vendía en Sanborns), son anomalías en un sistema severamente controlado por los gobiernos, tanto como lo han sido en su momento otros periodistas hoy olvidados —que así se queden—, que los lectores aprendimos a evitar, en publicaciones que no sufrieron por ello y cuyos compromisos ignoramos. Sobre Aristegui se seguirá escribiendo y un día empezará el silencio que a todos nos toca.

Me interesó el artículo de Rodolfo García Mateos porque yo tenía prisa y tardaba en acercarme al final. Más tarde regresé al texto, fui quitando la paja y me encontré con casi nada. Y, más bien, con un fallido intento de hacer algo como periodismo literario. Empieza diciendo que en 2007 fue propuesto como corresponsal de Aristegui en Guadalajara. Nunca dirá el desenlace de ese trabajo. Lo que aclarará más adelante es que había trabajado con Ricardo Rocha y que con Aristegui sería “corresponsal exclusivo”, que sería director de noticias que encabezaría un grupo de reporteros del noticiero de la W. “Le urgía —dice, ufano, a Aristegui— un interlocutor con el que pudiera extenderse, profundizar, escarbar los detalles como a ella le gusta”.

Cuando le presentaron a Aristegui, durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, ella le preguntó: “¿Y cómo se dio la salida?” Y agregó: “¿Y qué opinas: renovación total?” Y el comentario que escribe el ahora memorista es: “Carmen se refería con esa interrogante a que si tenía contemplado despedir a todos los reporteros de W Guadalajara y contratar nuevos en cuanto asumiera el cargo”. Y abunda: “y es que, además de su corresponsal exclusivo, el trabajo que se me ofrecía implicaba ser el director de noticias, encabezar a los reporteros (o descabezarlos, como Carmen sugería), conducir el noticiario local de seis a siete de la mañana y hacer un programa de entrevistas de diez a once”.
Nótese que la frase “descabezarlos, como Carmen sugería”, está entre paréntesis. Quienes lo estaban contratando eran el director de noticias, Omar Sánchez de Tagle, el productor de la emisión de Aristegui, Daniel Alvarado, avalados por el director general de W Radio en esa época, Daniel Moreno, quien “confió en sus criterios”. Entre estas cinco personas, el tema “descabezar” lo adjudica a Aristegui, a nadie más.

A continuación, Rodolfo García Mateos cuenta que pensó en su novia, Yosmar, para el cargo de coordinadora de invitados. “Siempre es importante —dice— tener a alguien con porte, personalidad y elegancia que se mueva bien, consiga teléfonos, confirme entrevistas y reciba invitados.” Y sí, digo yo, coincido, “siempre”, “siempre”. Pero el recuerdo lleva doble intención, porque le permite hacer una caricatura de Aristegui, cuando se la presentó, “Carmen volteó a verla, ubicada a mi derecha” —prueba de buena memoria, reconozco—; “en ese momento las pupilas de sus ojos rojos se dilataron y resplandecieron, la sonrisa incrementó su sensualidad y, llena de energía, se dirigió a ella: ‘¿Y tú qué vas a hacer?’ ‘Coordinadora de invitados’ —se limitó a responder Yosmar con una sonrisa amplia, correspondiéndole a Carmen con entusiasmo equivalente.”
Como no tengo otro remedio que pensar en quien tengo más cerca, yo mismo, confieso que a mí me pasa lo mismo cuando me presentan a alguien, aunque ignoro si se me nota y si habrá quien lo recuerde. Una persona desconocida es una promesa de amistad futura. Excepto para un malévolo memorista, quizás celoso hasta del aire.

Otra observación. “Aristegui es muy dada a extenderse por más de una hora en un tema hasta desgranarlo por completo y aplazar los cortes”, cuenta García Mateos. Yo no la estaba vigilando, pero de los cientos de días que oí su noticiero de MVS, Aristegui interrumpió a la persona que con la que hablaba, en el estudio o por teléfono, incluso en llamadas de larga distancia, como con la corresponsal en Estados Unidos o alguno de los colaboradores. Pero García Mateos retuerce la estaca: “hasta que se juntan veinte o veinticinco minutos de puros comerciales al final”. Lo que escribe no es verdad, o por lo menos no era una constante.

Podemos juzgar la redacción del periodista García Mateos en el siguiente pasaje: El sueldo de Aristegui “no era por méritos personales estrictamente, sino porque en MVS tenían bien medido cuánto le generaba a la empresa su sola presencia y no podían darle menos, ni prescindir de ella si no querían disminuciones pecuniarias.” Bravo. No era “mérito personal” sino por “su sola presencia. Queda aclarado: la presencia de los seres humanos no debe ser considerado “mérito personal”, sino, supongo, mérito de nuestros progenitores.
Avanza, escribe, sigue escribiendo para estimular la memoria, Rodolfo García: “que ahora no se haga la sorprendida: desde entonces [2013, Aristegui] sabía perfectamente que los Vargas estaban hasta la coronilla de ella e intentaban mantener a raya lo más posible la línea editorial de MVS”. En caso de ser cierto, ¡vaya que se tomaron su tiempo! ¡Desde 2013 estaban hasta la coronilla!

“Ultimadamente por algo eligió Aristegui reventar la nota de la ‘Casa Blanca’ en su portal de internet un sábado por la mañana […] por algo dejó a MVS para el tercer día, en lugar de encumbrarlo en el mundo de la información como el medio que daba la nota bomba.”
La falla aquí parece cometida por un niño: por algo, por algo. Y cuando el adulto pregunta, ¿por qué, pues?, el niño sigue diciendo por algo. Es una sospecha y toda acción tiene una causa, un algo. Pero así no escriben los adultos, no se trata de adivinar, por algo.

El cronista Rodolfo sigue sus reflexiones frente a los lectores:
“entonces con mayor razón ella ya sabía”. Y, digo yo, Rodolfo, el escritor, ¿cómo sabe que sabía? Ya sabía “que su destino estaba marcado y el resto del tiempo fingió demencia, lo cual se traduce…” Ahora ya resultó traductor, aunque no aporta pruebas: “le mintió a sus seguidores, que le creen cada palabra”. Y aquí sí ya me asustó, quizás sea un inquisidor, o un diablo, porque no sé cómo sabe que los seguidores, que no simples radioescuchas, le creen cada palabra. Esto pasa siempre que alguien acusa a otro frente a un grupo, en los patios de recreo de las escuelas, en las calles, cuando hay un accidente, no le crean al otro, a mí sí, yo sí sé.

Hay más enredos en el texto de Rodolfo García. Destaca lo no dicho: trabajó con Carmen Aristegui y hoy la acusa. ¿Qué le pasó? ¿Fue maltratado por su “jefa”? Y destaca el orden de su escrito, más bien, el desorden, no hay una cronología que permita seguir la biografía de una y de otro, tampoco la de MVS.

Un lector de Replicante, Ángel Deveritas, escribió su opinión al final del texto de Rodolfo García, sirve como final feliz: “Creo que como muchas veces, el anecdotario carece de perspectiva. Muchas de las anécdotas se caen por sí mismas, otras son intrascendentes y la mayoría se pierden sin un importante análisis de lo político, una postura crítica de lo que son los medios y sin, como el autor lo reconoce, un conocimiento más profundo del personaje. Ha resultado decepcionante el manejo de este maravilloso portal sobre el tema… habiendo tanto de donde cortar, en, como se caracterizan, realizar un análisis más estructural del conflicto. Entiendo los esfuerzos por abordar el tema sobre la mitificación del personaje, pero en este momento y sobre este tema hay cosas de fondo mucho más importantes… considero, el tema ha dado luz sobre importantes problemáticas sobre los medios de comunicación, su sometimiento y el ejercicio periodístico. Sigo esperándolo, no abandonen a sus lectores.

25 de Marzo de 2015

AUSENCIAS EN LA BIBLIOTECA DEL BICENTENARIO DE BOLIVIA

LITERATURA & ARTE / LetraSiete BOLIVIA

Sábado, 31 de enero de 2015

El autor, miembro del Comité Editorial de la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia, hace un recuento sobre las obras que, pese a sus sugerencias, no quedaron en la colección final al no haber gozado de consenso.

Adolfo Cáceres Romero

Como un homenaje a los 200 años de la fundación de la República se creó la Biblioteca del Bicentenario de Bolivia (BBB), propiciada por la Vicepresidencia del Estado, a través de su Centro de Investigaciones Sociales (CIS), que tiene la misión de publicar 200 obras seleccionadas por un grupo de 35 asesores (Comité Editorial).

1e  Comité de la BBB.

Al margen de esta labor central, hay que decir que lamentablemente se cerró un ciclo de la cultura boliviana del siglo XX, no siempre con lo mejor, como era de desear, pues predominó una mentalidad mestiza y conservadora a la hora de hacer la selección.

Con todo, tal intento es un logro que no debe quedar ahí, sobre todo en procura de rescatar las obras ignoradas para que, con las incluidas y las que vendrán, se pueda hablar de una verdadera biblioteca boliviana.

Si como afirman los coordinadores, la intención del proyecto es: “aportar a la investigación y reflexión de la realidad nacional, bajo la premisa de que tener al alcance lo mejor de la producción intelectual boliviana y sobre Bolivia, permite a las actuales y futuras generaciones encarar con mejores perspectivas su formación educativa y profesional”, primero, debieron haber pensado en un editor general comprometido con la situación actual del país.

El que nombraron carece de cultura literaria, pues pertenece a una élite hispanófila que desde hace varios años maneja los destinos de la Academia Boliviana de la Lengua; de ahí que, no obstante contar entre sus asesores a dos notables indigenistas, como Jürgen Riester y Xavier Albó, no se pensó que el cambio viene con la reivindicación de nuestras culturas originarias.

La voz de los Andes, de los valles y de los llanos está más allá de lo que dicen los antropólogos o estudiosos que escudriñan su alma; entonces, no nos resta sino lamentar la ausencia de obras como Apu OllantayTragedia del fin de Atahuallpa, o Ritos y fábulas de los incas; los jayllis y demás poemas quechuas que nos muestra Jesús Lara, al igual que Leyendas de Bolivia que publicó Antonio Paredes Candia; Manchay Puito y los poemas de Juan Wallparrimachi; El pez de oro, de Gamaliel Churata, que fabula con una serie de mitos andinos.

Lejos de incluirse estos libros, se consignan otros como la obra escogida de José Antonio Arze (tío del editor general), un político sin trayectoria literaria.  Afortunadamente, en mi calidad de miembro del Comité, fui escuchado en mis sugerencias de no tomar en cuenta algunas obras colonialistas, como las Coplas a la muerte de Diego de Almagro, escritas en 1540, por un guerrero conquistador sin genio ni arte poético.

Les dije que era una aberración inaceptable, al igual que la Historia de la literatura boliviana de Enrique Finot, para quien no existía tal literatura, porque sostenía que la raza boliviana: “aún no está formada o más bien carece de unidad”; es más, justificaba las palabras de Pio Baroja, al afirmar “que la América de habla española solo ha producido hasta ahora imitadores más o menos serviles y más o menos felices de los escritores y artistas de Europa”.

Entre las 71 obras de “literatura y arte” deberían estar muchas producidas en el exilio. No sé por qué se empeñaron en no incluir Los fundadores del alba, de Renato Prada, obra que en 1969 ganó el Premio Casa de las Américas de Cuba,

Lamentablemente también eliminaron la obra de Diomedes de Pereyra, que les sugerí teniendo en cuenta que todas las novelas de este escritor se publicaron fuera del país, siendo uno de los autores bolivianos más traducidos.

Por otra parte, parece que los expertos no saben que Edmundo Paz Soldán es el mejor cuentista de Bolivia, y no lo digo solo porque ganó el Premio Juan Rulfo con Dochera, sino porque es autor de varios cuentos magistrales; igualmente desconocen la trayectoria internacional de Giovanna Rivero, Claudio Ferrufino, Rodrigo Hasbún, Germán de la Reza, Wilson Rocha, Norah Zapata…

También eliminaron mis obras de la lista final, como Nueva historia de la literatura boliviana; en esta área se quedaron conformes con los dos volúmenes de Hacia una historia crítica de la literatura en Bolivia, obra de título engañoso por cuanto no es historia, menos cronológica, sino un conjunto de artículos y ensayos en el que predomina el gusto y criterio del grupo liderado por Blanca Wiethüchter.

Mi reclamo también abogaba por la mejor novela minera de Bolivia: Socavones de angustia, de Fernando Ramírez Velarde; o por Páginas bárbaras, de Jaime Mendoza; o Sequía, de Luciano Durán Boger.

También se echa de menos a autores como Homero Carvalho, sobre todo su notable antología Bolivia, en la que reúne poemas y escritos en prosa de autores bolivianos y extranjeros sobre el país; o María Virginia Estenssoro, H. C. F. Mansilla y Gonzalo Lema.

En las tres áreas de la BBB se advierten grandes lagunas. En ciencias sociales, Saúl Escalera observa que ignoraron una obra universal como El arte de los metales, de Álvaro Alonso Barba; también Historia de la minería en Bolivia, de Hermosa Virreira; Historia de la ciencia en Bolivia, de Condarco Morales; Ciencia en Tihuanaco y el incario, de Ibarra GrassoAsimismo, Fernando Molina hace notar la ausencia de las obras de Vicente Pazos Kanki.

Desde luego que hay mucho más para tomar en cuenta en esta área, pero veamos qué ocurre en historia y geografía. En vista de nuestro empeño por lograr un puerto soberano en las costas del Pacífico, hay obras claves para el esclarecimiento de las circunstancias del despojo del litoral, en tal sentido propuse reeditar el Diario de campaña del coronel Apodaca; asimismo El derecho de conquista, de Santiago Vaca Guzmán; Historia secreta de la Guerra del Pacífico, de Edgar Oblitas Fernández; Gran traición en la Guerra del Pacífico, de Hugo Roberts Barragán; La Quinta División, de Raúl Murillo y Aliaga; Memorándum sobre el mar, de Valentín Abecia Baldivieso y Valentín Abecia López; luego también quedó fuera La dramática insurgencia de Bolivia, de Charles Arnade.

PERIODISMO CULTURAL EN EL D.F.

Pasan los años y el periodismo cultural de la capital de México permanece inmutable, desvaído. Si Batis fue un editor maestro, sus discípulos siguen sus pasos con impermeables y paraguas, por si llueve. Esto quiere decir que sus lectores viven tranquilos, sin preocuparse. La conmoción que llevó a la presidencia a Ernesto Zedillo, el asesinato de Luis Donaldo Colosio, y a las presidencias que siguieron, no ha ocurrido en las páginas culturales de los periódicos. Un discurso reciente del presidente de Reforma lo comprueba, cuando se refirió a que la verdad es una misión de los periodistas, como si nadie hubiera visto Rashomon (1950), película japonesa donde cada testigo cuenta lo que vio desde su sitio. Y la convivencia de los invitados a ese discurso en la celebración de Reforma parecería una democracia impecable, no hay izquierda ni derecha, la unión forja la verdad.

La sucesión generacional, de Benítez a Batis a Julio Aguilar sería un capítulo brillante en una historia oficial, excepto que faltan nombres: Adolfo Castañón y su ruptura con Monsiváis en Siempre!, Luis Spota en Novedades, Jorge Alberto Lozoya y Emmanuel Carballo en El Día, los que heredaron Plural, la revista que Octavio Paz fundó como parte de Excélsior, por más Vuelta que hubiera querido el poeta, quien prosiguió su labor excluyente como si nada, los que tendieron Nexos, políticos cultos, los que cubren la jornada semanal en principio con el magisterio de Benítez y así, incluso en la televisión pública, cuando termina el periodo de Calderón sigue en la pantalla de Canal 22 los mismos locutores, quizás los mismos programas. Faltan nombres e ideas que Humberto Musacchio no tendrá que compilar.

En esa línea continua se encuentra el “yoísmo”, una mala costumbre en los comentarios literarios. La falta de periodistas culturales auténticos —con excepciones, como Columba Vértiz en Proceso—, lleva a los literatos a dar entrevistas, a firmar artículos, a dar opiniones al por mayor. La palabra ensayo lo permite todo y la reseña de un libro llega a ser un volumen de las obras completas, y no es un género periodístico, no es un capítulo de tesis o de investigación doctoral, sino páginas sueltas del día. En ese oficio otro maestro fue Pacheco, guía del inventario de huesos consagrados, siempre ajeno al presente para evitar las fluctuaciones de la fama, sobre todo entre los jóvenes. Con Pacheco escasean los ensayos pero abundan las reseñas que muestran tesoros ocultos.

El “yoísmo” está presente en el número que Confabulario (El Universal, 28 de diciembre de 2014) le dedica a Huberto Batis. La semblanza del profesor  queda entreverada con los recuerdos de los ex alumnos, redactores desequilibrados: menos Batis y más lo vivido con Batis. ¿La razón? Es más sencillo escribir memorias que emprender una investigación, sobre todo si el personaje es uno mismo. Ocupados como están en sus propias obras, no entrevistan a contemporáneos de Batis, no van a la hemeroteca, no revisan el abundante material de la época, la de Batis editor que es parte de Batis profesor y autor. De ello resulta una labor pospuesta, que emprenderá algún tesista, para el que la lectura de este número de Confabulario, el número 82 de una segunda época, no servirá de mucho. Los colaboradores invitados por el editor, Julio Aguilar, fueron, en orden de aparición: Guillermo Fadanelli, narrador; Alberto Ruy Sánchez, narrador, editor; Julio Aguilar, editor; Alegría Martínez, dramaturga, periodista (autora de los libros Manuel Becerra Acosta, periodismo y poder, 2002, y Juan José Gurrola, 2007;  en su entrevista une su voz a la de Batis, quien habla de sus años con los jesuitas); Pura López Colomé, poeta, traductora, y Carmen Boullosa, narradora, poeta.

LA ESPOSA DE ALFONSO REYES

En julio pasado, Sandra Frid presentó una novela, Reina de Reyes, publicada por Planeta, en la que presenta datos de la biografía de Alfonso Reyes y la vida que pasó con su esposa, Manuela Mota, un trabajo que le llevó cuatro años. Hace unos días se cumplió un aniversario más de la muerte del más importante escritor del siglo xx en México: 27 de diciembre de 1959. Cada vez hay más personas interesadas en la vida privada de los escritores, un hueco que se irá cubriendo en la exigua historia escrita de la literatura mexicana.

Un ejemplo a tener en cuenta es el libro de la viuda de José Juan Tablada, Nina Cabrera, que dedicó parte de su tiempo a poner por escrito sus recuerdos del poeta, escritor y cronista.

En notas y entrevistas periodísticas de julio pasado que están en Internet, incompletas y con errores, una actitud alentada por Frid es la de llamar “secretos” a las anécdotas por ella “descubiertas”, como le ocurrió a los que “descubrieron” América, que siempre ha estado allí. Lo que hizo Frid fue buscar en los archivos y en los libros Reyes y encontrar una veta: Reyes tuvo una novia, Manuela, cuando eran estudiantes adolescentes y tuvieron un hijo. Cuando el padre de Reyes murió en los sucesos conocidos como la Decena Trágica, en México, Alfonso obtuvo del general Victoriano Huerta, golpista, usurpador, un trabajo en la embajada en Francia. Al caer Huerta, Reyes se trasladó a España, con esposa e hijo, sin empleo. Buscó y encontró qué hacer, seguir con lo que ya hacía: cultivar la literatura e incluso escribir reseñas sobre el naciente cine. Manuela, Alfonso y su hijo pasaron frío y hambre. Y no hay alusión a esta época en las notas periodísticas que le dedicaron a Frid.

Otras vidas de artistas importantes han sido más divulgadas, la que más es la de Diego Rivera. La viuda de Siqueiros, Angélica Arenal (1909-1989), asistía a la oficina de la Sala de Arte Público legada por el pintor “al pueblo de México”. Recuerdo las veces que estuve allí, con el maestro Alberto Híjar y algunos alumnos de Filosofía de la Unam y del Taller de Arte e Ideología, Ana María Escalera y Armando Castellanos y otros. Alguien dijo que ella estaba dictando sus memorias.

Lo que a veces descubren los lectores de revistas, periódicos y libros, y los que van a presentaciones de libros, es algo que no esperaban: los escritores son humanos. Y a veces, escandalosos, como Óscar Wilde o Paul Verlaine, quien hospedó en su casa a Arthur Rimbaud sin darle importancia a las quejas de la señora Verlaine.

En tiempos de la Revolución Mexicana, Alfonso Reyes se portó como cien años después no lo harían los escritores mexicanos, pero no fue el único. Salvador Díaz Mirón dirigió un periódico durante la dictadura. Al caer Huerta fueron muchos los escritores que salieron del país.

Que Reyes fue intolerante con su esposa, que sentaba en sus piernas a las admiradoras que lo visitaban, que hizo lo que haya hecho, como desnudar en su casa a una mujer durante la ausencia de Manuela, sí, y la cuestión es ¿por qué Frid escribió sobre esto? Es posible que Reyes estuviera ejerciendo un magisterio difícil: orientar las búsquedas de los futuros investigadores de sus obras. O más bien se debe a la relevancia que han ido teniendo las mujeres en la escena cultural.

Un amigo, Héctor Perea, publicó las cartas de Reyes con Victoria Ocampo, cuando el archivo de Reyes estaba en la Ciudad de México. Ahora que está en Monterrey (¡qué bueno que no está en la Universidad de Austin, en Texas, que paga bien a los familiares por los archivos de los escritores) la investigadora Frid tomó el camino de “rescatar” a Manuela Mota.

Paulette Patout publicó en 1990 (edición en francés, 1978) un libro: Alfonso Reyes y Francia, con sello de El Colegio de México y el Gobierno del Estado de Nuevo León. Consta de 664 páginas, más 89 páginas de apéndices: dos cartas y dos textos de Reyes, una bibliografía, que va de la página 673 a la 729, y un índice onomástico, de la 731 a la 756. Y hay un libro sobre Reyes y Brasil, y volúmenes de cartas con personas de su tiempo.

Visto así, escribir una novela sin el aparato académico de la investigación realizada, es una proeza. Pero que los reporteros de periódicos y revistas no se llamen a engaño. El trabajo de Sandra Frid obligará a más trabajos de más investigadores, porque Reyes es una fuente inagotable de humanidad.

ARTISTAS SIN RED PROTECTORA, CONT.

En la promoción de la literatura los costos son altos y las instituciones no se preocupan por comercializar, gastan un presupuesto anual. Pongo aquí el ejemplo de un amigo que invitó el IVEC hace más de veinte años. Llegó de Guadalajara en avión, lo llevé en mi coche a Xalapa donde habló en la Facultad de Letras. Algo hizo también en la ciudad de Veracruz. Creo estuvo en el hotel Prendes, que todavía era útil. Le di el dinero que le reponía el instituto, lo de un boleto de ADO. Él esperaba lo del avión. Le dije que no, que me hubiera avisado. En fin, perdí su amistad y él se quedó con una deuda.
¿Cuánto cuesta una conferencia? (¿y cómo valuar su utilidad años entonces o después en la mente de los que la reciben). Si es alguien de fuera hay que pagarle transporte, alojamiento, alimentación. ¿Cuánto se ahorra el público? Depende del número de personas que asisten, quienes además invierten tiempo, gasolina o taxis, estacionamiento o “parquímetro” (que yo llamaría alcancía callejera; cierra la boca a las ocho de la noche). Hay que sumar cenas y bebidas si se quedan a platicar en algún restaurant o bar. Digamos que la institución gastó dos mil pesos y que hubo veinte personas: son cien pesos por persona. Si hubo diez personas, son doscientos pesos. Pero hay que agregar gastos de publicidad, de invitaciones (impresión y reparto), de programas (que no se estila). Tendríamos que saber cuánto ganan mensualmente los empleados que participan, desde que se reunieron a decidir, llamadas telefónicas, atenciones para el invitado, y dividirlo por el tiempo utilizado. Y hay más gastos que considerar: los de los reporteros de la fuente, que van en otra cuenta.
Convendría hacer una encuesta para saber si a esas diez o veinte personas les interesaba realmente ver al conferenciante (podía haber hablado desde donde vive en una pantalla; así divulgaron una conferencia de Carlos Fuentes en Xalapa, a través del sistema de videoconferencias de la Universidad Veracruzana).
La oferta cultural carece de medios de difusión comerciales. Una persona famosa promovida por la televisión vende, aunque hay que poner carteles en postes y árboles por vastas zonas de la ciudad. Escritores cultos y comerciales, como el mismo Fuentes o Elena Poniatowska, consiguen más audiencias (funciona la comunicación de persona a persona) pero aumenta el costo (para ellos sí hay avión), hay que dividir entre más concurrentes, incluido un público “de altura”, como gobernantes (un alcalde) o dirigentes culturales (un rector o vicerrector).
Un visitante de lujo reciente en la USBI UV fue Fernando Savater. Habló menos de una hora frente a ¿quinientos? alumnos (ignoro cómo fueron convocados, ¿de verdad todos sabían quién era este escritor?) y ciudadanos.
Volvamos al presente, junio de 2014. El día 12 dio una conferencia Manuel Sol Tlachi, especialista en Díaz Mirón. Vino de Xalapa. Pasó la noche en el puerto. ¿Costo? ¿Número de concurrentes?
En la presentación del jueves 26 en la USBI UV hubo vino, refrescos, hielo, “bocadillos” (caros, deliciosos), vasos y platos desechables, servilletas (propina al muchacho que sirvió). ¿Costo entre concurrentes? (*) Ese día en el CEVART hubo café. Uno de los conferencistas, Horacio Guadarrama, vino de Xalapa. Los fotógrafos apuntan al público pero no las difunden. Al día siguiente, viernes 27, el poeta Mijail Lamas habló de su libro allí mismo. Me enteré al día siguiente.
Un grupo de escritores hizo varias sesiones de lectura en las semanas recientes, en las que el público fueron las personas invitadas a leer a lo largo de más de tres horas.
En la galería Casa Principal el sábado 28 a mediodía estuvo un escritor tabasqueño. Imposible asistir a esa hora, todavía laboral para muchos.
Queda mucho por decir, por lo pronto dejemos algunos temas por descifrar: la ciudad de Veracruz es una plaza apetecible, que luce bien en el currículum de poetas y artistas; el presentado responde a la llamada de la fama y se siente único; comprar el libro promovido es un buen motivo para asistir, porque si no es de la mano del autor difícilmente se encontrará después en librerías; el público siente que lleva un conocimiento nuevo e invaluable; uno va a platicar con la gente conocida, si no ¿a qué va?, no piensa comprar ese libro. Los gestores culturales se sienten satisfechos por el deber cumplido, ofrecen cultura a la población y usan el presupuesto disponible. Mañana será otro día.
*Cálculo conservador: $300.00 por cada uno de los autores del libro, que son ocho. Uno faltó, y si no cooperó, la cantidad sube a $350.00 por persona.

ARTISTAS SIN RED PROTECTORA

Cuando en otros países o en otras ciudades los artistas, intelectuales, periodistas protestan y logran avances en las leyes creemos que un mundo mejor está cerca. Se crean institutos de protección para trabajadores, para niños, para la mujer. Aumentan las páginas de los códigos civiles y penales, aparecen reglamentos y pasan los años y sigue quedando mucho por hacer, como si no se pudiera diseñar el futuro, porque lo cómodo es ir detrás: ¿quién iba imaginar que existiría un invento como Internet? Y años después las leyes acerca de Internet en México no generan conocimiento sino intentos de restringir su uso.
Cuando los artistas alzan la voz porque no tienen seguridad social, porque nadie imagina que haya artistas jubilados, porque son maestros y están en un renglón que sí los reconoce como sujetos de derecho, porque la sociedad cree que todos los artistas son millonarios gracias a las ventas de sus obras…
¿Y qué pasa si cambiamos la palabra artista por la de poeta?
Hubo un tiempo en México que un poeta logró que un periódico le pagara por la publicación de sus obras, fue hace cien años y el que exigió remuneración se llamó José Juan Tablada. Y cien años después hay periódicos que no pagan por los textos que publican. Y no todos los conferencistas reciben honorarios. Y no son invitados a comer con los visitantes de fuera porque son gente del lugar que puede irse a su casa y regresar.
La palabra placer contribuye a esta situación. Como leer es un placer, los promotores de lectura aportan gratis su trabajo. Y no se piensa en subsidiar a los lectores, se les pide que ahorren para que compren libros, si tanto les gusta leer.
Úrsula Ramos Ramírez recibió una atención deficiente en la CLÍNICA SAN LUIS de la ciudad de Veracruz. Primero, el médico (que tiene nombre) la dejó en manos de las enfermeras (que tienen nombres). Y la lastimaron del brazo izquierdo buscándole una vena para trasfundirle sangre. La lastimaron tanto que a sus padecimientos por la edad hoy vive en un grito de dolor porque está perdiendo su brazo.
Hace años, un periodista de Notiver le atropelló un pie en la calle Canal, frente al Instituto Veracruzano de Cultura. Un accidente, como los que ocurren todos los días porque las licencias de manejar se las dan a todo mundo, porque la industria del automóvil es poderosa y las poblaciones crecen a su sombra. Y Úrsula Ramos Ramírez pasó meses encamada y después de mucho tiempo pudo volver a caminar. Desde entonces dejó de manejar y vendió su coche, para siempre.
Pero Úrsula Ramos Ramírez fue maestra en el Tecnológico de Veracruz y está jubilada, tiene atención médica del ISSSTE. Pero Úrsula Ramos Ramírez escribía notas de divulgación cultural para El Dictamen. Pero Úrsula Ramos Ramírez atendía un taller de literatura en el IVEC. Pero Úrsula Ramos es promotora de la música a través de la asociación civil Conciertos Líricos, ha sido maestra de piano y canto, y, sobre todo, es poeta: artista de la palabra.
Como persona, tiene derecho a que la Clínica San Luis responda por el daño que le causó. Como poeta, que quiere decir persona con una sensibilidad especial, diría extraordinaria, tiene derecho a ser tratada bien, como lo pediríamos para cualquier otro ser humano.
Desde aquí, por medio de las palabras que son instrumento de artistas y de sociedad, exhortamos a los legisladores para que haya protección para los artistas y resto de personas que trabajan (Úrsula Ramos Ramírez sigue escribiendo cotidianamente a sus casi noventa años de edad) y que no tienen su futuro asegurado, que dependen de sus familias. Y a un Ministerio Público que atienda este daño.

Jaime Velázquez, 14 de junio de 2014